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Los Toros y la Comarca del Noroeste

publicado a la‎(s)‎ 31 mar. 2012 11:12 por Club Taurino Calasparra   [ actualizado el 30 abr. 2012 1:47 ]
Tengo dos tipos de lectores a los que dirigirme. Usted que por primera vez viene a Calasparra y con ello a la Comarca del Noroeste Murciano y no conoce la firma del autor de este artículo y tú (al que te tuteo porque nos conocemos) y que también conoces a José Antonio Moya. José Antonio es un "periodista" como la copa de un pino. Yo he tenido la suerte durante más de cinco años de compartir programa radiofónico con él y puedo decirles que no he conocido a nadie, "y he visto a muchos", con la capacidad de reportero de José Antonio Moya. Es un hombre capaz de hacer un programa de radio con una chuleta del tamaño de una servilleta y hoy todavía no metido en los avances de la globalización es capaz de enviarme este artículo en un sobre y escrito en su máquina Oliveti. No lo cambio por nada.

Me reafirmo, un pedazo de reportero al que quizá los mediocres no le han dado la cobertura que merecía pero que nosotros siempre le abriremos esta su revista y este su Club.

Los Toros y la Comarca del noroeste. Pasión Brava

Decir que la Comarca del Noroeste es la cuna de la tauromaquia murciana puede resultar arriesgado y hasta cierto punto temerario. Indicar que este trozo de tierra es en donde con más pasión se vive la fiesta es "una certeza".

Para empezar, sólo ocho plazas en activo existen en una región de 45 municipios. Tres de las cuales se ubican aquí, y hubo una cuarta, la de Moratalla, que pudo ser la más antigua de la Región. Resulta muy difícil refutar los datos de Marcial García (miembro de la Academia Alfonso X El Sabio) el cual, según sus investigaciones, y existe cartel de la inauguración, la plaza de obra de Moratalla, ya desaparecida, data de 1854, lo que la convertiría, salvo posterior investigación en el coso más antiguo de la Comunidad.

Las tres plazas que aún se conservan en activo tienen más de un siglo. La de Caravaca data de 1880, fue promovida por una sociedad caravaqueña y se construyó en un tiempo record, tres meses. Esta plaza con fachada posee una fachada mudéjar muy difícil de encontrar en España. El coso de la Caverina, construido por el capricho de D.Juan de Amoraga, data de 1896 y el de Cehegín de 1901. Desconozco si en Bullas hubo coso de obra.

Pero si no la cuna, si es donde con más pasión se vive el toro. En Moratalla los encierros se remontan al bajo medievo y se hacían en honor de la antigua patrona Santa María, el siete de Septiembre. También se hicieron en honor a Jesucristo Aparecido y actualmente en las fiestas del Cristo del Rayo. El milagro del Cristo del Rayo se produjo en el año 1621 y se hicieron fiestas para conmemorar el acontecimiento, sin embargo, la parte taurina no se incorpora a estas fiestas hasta finales del siglo XVIII. Moratalla es un pueblo con fuerte personalidad, no sólo por la bondad de sus gentes, la belleza de sus paisajes y su monumentalidad, sino por sus costumbres, pero Moratalla sin sus tambores de Semana Santa o sus encierros de reses bravas quedaría mutilada.

De las trece pedanías con que Moratalla cuenta, en bastantes de ellas, Benizar, Otos, Mazuza, El Sabinar... , se sueltan reses en las calles y cada una es un acontecimiento al que acuden miles de personas.

La mejor información sobre la tauromaquia en Calasparra la proporciona el libro "Correr los toros", del que Marcial García es autor. Podemos saber que por las calles de Calasparra se corren reses desde finales del siglo XVI, que no siempre se corrieron en las mismas fechas, que, en épocas de penuria se llegó a soltar el ganado de labor de los agricultores, las reses que "más mala leche tenían" que hubo comedias, música celebraciones religiosas y comidas populares, "la caldera".

La Plaza de Toros acabó con los festejos en la calle hasta 1999 en que, de nuevo los encierros pisaron las calles Mayor, Lavador y Ordoñez. Pero Calasparra y Moratalla no son los únicos pueblos, que celebran encierros. La pedanía de Canara (Cehegín) allá por las mediadas calendas de agosto llena sus calles de emoción. Celebran la festividad de la Virgen de la Peña, cuyo Santuario está a un par de kilómetros de la población, teniendo en su iglesia a la Milagrosa.

Valentín, pedanía a caballo entre Calasparra y Cehegín honra a su patrón San Juan Bautista soltando también reses en las calles. El patrón de Valentín les viene de la parte que a Calasparra pertenece. San Juan Bautista es el patrón de la Orden de San Juan que tantos años administró la villa y, hasta que en los años cincuenta del siglo XX se hizo la iglesia nueva, la antigua ermita estaba en el lindero de los municipios, oficiante en un pueblo y feligreses en otro. Menos mal que para Dios no hay fronteras.

El último pueblo en reincorporar los encierros ha sido Cehegín. A principio de Agosto homenajean a San Zenón, santo ceheginiero que se atribuye a la época de Begastri.

En cualquiera de las manifestaciones taurinas se dan cita miles de personas. Ningún festejo programado, sea cual fuere, congregaría ni ha congregado a tanta gente en nuestros pueblos.

Con el corazón encogido vieron los calasparreños como la sangre de Vaqurín regó la arena calasparreña y con ella derramó su vida, fue un 30 de Julio de 1931. Justo una década después, el 14 de Septiembre de 1941 los cehegineros vieron con amargura como un banderillero que respondía al apelativo de Malagueñín se dejaba el alma en el coso ceheginero. Sangre y gloria. Gloria de toreros como Pedro Barrera y Pepín Liria, dos de las mejores aportaciones murcianas al escalafón de toreros. Gloria de las comparecencias de Manolete en Cehegín y Caravaca. De proliferas peñas (dicen que la de Caravaca llegó a ser la más numerosa de España).

Esta comarca no es lo suicientemente grande como para que los brazos de sus gentes no puedan abarcarse y abrazarse. Aunque el gentío duplique o triplique la población de cada localidad en día de toros la hermosura de abrazarse dos amigos en la Farola de Moratalla para tomar después una sopa de alubias, o en el convento para tomar unas cañas o en la Plaza del Alpargatero, o en las callejas de Valentín o Canara, constituye un momento muy especial.

Cuando después del encierro el lomo de orza o los huevos fritos son agradables compañeros de los amigos en cualquiera de las pedanías de Moratalla, la fiesta es el nexo de unión.

Cuando este artículo caiga en manos de un buen aficionado de fuera, reserve algo de su tiempo y venga, no se si a la cuna murciana de los toros, pero sí a la tierra de la pasión brava. Tierra pobre en lo económico, pero rica en paisajes, en gastronomía, en amigos y gentes acogedoras y como no, en "costumbre taurina", Va por ustedes.

José Antonio Moya Martínez
Corresponsal del Diario La Verdad
Cronista Taurino