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publicado a la‎(s)‎ 30 abr. 2012 2:23 por Club Taurino Calasparra
En un lugar de mi España, de cuyo nombre no quiero acordarme, no “ha” mucho tiempo que un pobre hidalgo pronunciaba la  frase: “los aficionados caben en un autobús”.

En cualquier otro punto de este mismo país, a las 12 en punto del mediodía, las cuadrillas revolotean alrededor de seis toros seis,  rogando para que del sombrero salga el número del más bonito. Siendo este siempre, no el más propicio para la expresión artística, ni para la apuesta gallarda del torero, sino el más pequeño y de menos trapío.

En estos nuevos tiempos, en los del toreo moderno, las figuras eligen el ganado, los carteles, el orden, el lugar, si se televisa o no se televisa en función de sus intereses que no coinciden con los del aficionado. Todo esto sin el más mínimo pudor y con luz y taquígrafos para que quede constancia de quién está al mando del espectáculo.

Ahora se busca el toro-colaborador para referirse eufemísticamente a la borrega, conseguido o conseguida por selección genética, para que siga como si fuese un carretón a una muleta, sin ninguna emoción ni transmisión.   Si algún ganadero que se dedique profesionalmente a lidiar sus toros no consigue ese tipo de toro, está condenado al ostracismo.

Y esta es la realidad de la fiesta. Se puede leer y escuchar que la culpa de la situación actual de la tauromaquia la tienen los nacionalistas catalanes, la crisis económica,  o los políticos. Se critican   los pequeños reductos de aficionados exigentes que quedan en alguna plaza, tachándoles de radicales, malos aficionados y de ir contra el espectáculo y el toreo moderno.  Se sacan los pañuelos para premiar a un tipo de toreo que consiste en pasarse al toro cuanto más lejos mejor y componer posturitas lejos de la cara de su oponente. También se ha generalizado la idea de tachar de temerario al torero que tiene la valentía de jugársela de verdad ante toros bravos. Esos mismos toreros, si la suerte les acompaña, serán los primeros que no querrán volver a anunciarse nunca más con esas ganaderías y pasarán a la primera división del escalafón taurino, es decir, a lidiar a la borrega.

Me gustaría ser optimista, pero me cuesta cada vez más trabajo viendo la realidad. Quedan islas en el océano de la mediocridad donde se sigue apostando por la calidad y la afición de verdad. Francia es un ejemplo y en España todavía quedan lugares donde se respeta a la afición. Qué casualidad que esos lugares no se ven afectados en la misma medida por la disminución de festejos ni de público en la grada como otros. Entre esos sitios se encuentra Mi Sitio.

Cuando hablo de los toros de mi pueblo, de la afición de Calasparra, de la seriedad de la plaza, se me acusa de pasión de pueblo…hasta que vienen y lo ven. No debemos caer en el conformismo y debemos seguir alentando y colaborando con propietarios y empresa para que mejoren en lo posible  la línea seguida hasta ahora.

Algún día estoy convencido de que desaparecerán los festejos sin poso alguno y se mantendrán solo los de calidad. Tendremos que ir a ver toros a los sitios donde se respeta al aficionado. Nuestra responsabilidad como calasparreños aficionados es la de colaborar y trabajar para que Calasparra esté entre esos sitios.  La fiesta de los toros es única. Cualquiera que la quiera y pueda hacer algo para hacerla crecer tiene la responsabilidad de hacerlo.  

Otros espectáculos de masas han corrido antes la misma suerte.  Me cuenta mi padre que de pequeño me llevaba a ver las obras de teatro, “compañías” y revistas que venían de gira por el pueblo y pueblos de alrededor. Hoy en día se siguen haciendo obras de teatro y musicales. Dicen los expertos que cada vez de mayor calidad y son una de las principales ofertas culturales de las grandes ciudades pero, se hacen pocas. Pocos espectáculos y de mayor calidad. Probablemente sea triste,  pero al final si cambiamos el recorrido natural de las aguas, vemos que cuando llueve de verdad, estas buscan su cauce sin respetar la dirección que artificialmente les hemos querido dar.

Pedro Mellinas