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Crónica viaje de Diciembre 2013

publicado a la‎(s)‎ 9 dic. 2013 13:58 por Club Taurino Calasparra   [ actualizado el 10 dic. 2013 14:33 ]
 Llega el puente de diciembre un año más. El Club Taurino de Calasparra organiza, fiel a su costumbre, desde 1996 ininterrumpidamente, el viaje para visitar ganaderías a lo largo de días intensos, fríos en lo meteorológico y cálidos en nuestros entusiasmos.

 Este año, desde el primer instante, echamos de menos a algunas de las personas que han participado habitualmente en los viajes. Especialmente notamos la ausencia de Paco García, nuestro presidente, y de esposa Mª Carmen Perea. Aunque, por contradictorio que parezca, nos han acompañado como siempre, su presencia ha sido constante, a través de las continuas referencias que a ellos hemos ido haciendo todos los miembros de la “expedición” y del WhatsApp, enviando mensajes y fotos que les permitían saborear nuestras visitas desde la lejanía.Y así comenzó nuestro recorrido hasta Cáceres, tierra de conquistadores.

 Siempre parece que es imposible superarse, pero “nuestra familia” de El Cubo nos sorprende cada vez que nos reunimos con ellos, especialmente cuando visitamos su casa. El 7 de diciembre de 2013 quedará como una fecha destacada en la memoria de las personas que hemos participado en este viaje, también en la memoria colectiva del Club Taurino.

Mañana de cielo azul y suelos blancos por la escarcha. Paisajes desde el autobús que nos “asustan” pensando en la temperatura del exterior. Llegada a la finca, recibimiento de excepción. Detalles cuidados hasta el extremo.

  Cartel con el orden del día que nos emociona. Bodegón de acogida para servir las deliciosas migas extremeñas, preparadas por Blas y su madre, unidos también en los fogones. Agradables cenadores para sentarse en pequeños grupos, aprovechando el sol que comienza a hacerse notar agradablemente. Marina que nos ayuda a sentirnos en casa, anfitriona infantil en ausencia de su hermano Sete. Teresa que nos saluda con su amabilidad característica sin dejar de estar atenta a todos los detalles. Poli que nos acoge, nos hace sentirnos en casa, con su cálida sonrisa. Alicia y Cristina sonríen y saludan sin dejar de repartir migas regadas con buen vino. Blas pendiente de todo y de todos, se diría que entendiéndose con José, el mayoral, solo con la mirada.




 Tras reponer fuerzas, bueno, tras almorzar, pues tampoco estábamos cansados  nos subimos al tractor, en este caso, cómodo y muy bien organizado, algo muy de agradecer. Paseo por la finca, escuchando las explicaciones de Blas sobre los animales de cada cercado, las perspectivas de la futura temporada, la cara que tienen los toros, la necesidad de lluvia, la siembra del pasto, los sementales… nos va desgranando los secretos de su finca y haciéndonos disfrutar con sus conocimientos y anécdotas. 

La tienta, en esa preciosa plaza cubierta, tiene el aliciente de ver a nuestro paisano Filiberto en el ruedo. Tres vacas que no dan el juego esperado por Blas pero que nos hacen disfrutar igualmente.



 La comida, con ese menú taurino y delicioso que pueden ver en la foto, transcurre en un ambiente familiar, distendido, divertido… el estofado “Espiga de oro” nos sorprende por su calidad, propia de un restaurante de la guía Michelin… Postre, café, licores… y a la vaca para las personas valientes… Risas, caídas, capotazos…y nada verdaderamente memorable, dejando desierto el trofeo a la mejor faena en esta ocasión. Eso sí, menos mal que la vaca eligió no acercarse a nuestro chofer…

 Esta tarde los triunfos son cantando, en ese salón que nos ha permitido pasar un día inolvidable, un día en familia, entre amigos, disfrutando de la calidad y de la calidez de todas las personas que forman este gran equipo que es la ganadería de El Cubo. Sí, como dice la última, bueno, siempre penúltima, canción que cantamos, “amigos para siempre”…




 El listón estaba puesto muy alto con la jornada del día anterior. Pero la ilusión que supone visitar una ganadería tan mítica como Victorino Martín hace que siempre se espere lo máximo de este domingo. La mañana empezó con un frío escarchado tan intenso o más que el día anterior. Era realmente helador.

Tania era la encargada de llevarnos al Museo de Victorino en la finca de Monteviejo, donde se inició la visita. Entre trofeos, carteles (en el museo figura el cartel en Calasparra del debut de los toros de Victorino a su nombre) y toros míticos (Baratero, Velador, etc.) oímos el rechinar de la puerta, sorpresa que nos calentó al instante: Victorino Martín Andrés. Y seguidamente su hijo. Artífice y sucesor del misticismo adquirido por estos toros herrados con la A coronada. 

Tras la visita al museo y con rapidez, puesto que la helada todavía no se había disipado, nos pusimos en camino hacia la  finca Las Tiesas de Santa María. Allí era donde se iba a desarrollar el resto del día. Allí hemos podido disfrutar de los otros dos hierros que tiene Victorino: Monteviejo y Urcola, los también míticos “patas Blancas”. Tomamos un caldito caliente y al tractor, una instalación perfectamente adecuada para ver los toros y escuchar las explicaciones de Tania, conocedora de la finca y además nieta del antiguo mayoral de Victorino.


Pero los más espectacular era cuando el tractor apagaba el motor y se hacía el más absoluto de los silencios. Los vaqueros arremolinaban los toros a nuestro alrededor, les costaba, pero se acercaban lo suficiente para poder escuchar toda una variedad de sinfonías producidas por los toros, entre peleas, intentos de correntillas y de montas. Los primeros planos son impresionantes, pero tratándose de los toros de Victorino, para mi los toros más guapos que existen, todavía lo son mucho más. Todavía al salir de la finca tuve la oportunidad de nuevo de hacer algunas fotografías a la cabeza de camada. La sensación es indescriptible, un chute de respeto, miedo y acelerante adrenalina, al tener sólo a unos metros a toros que se le lidiarán en las primeras plazas de España y Francia. 

Tras ver los toros, nos tenían preparada una sorpresa. Tentadero de tres vacas a cargo de Manuel Escribano, torero revelación de la temporada y que, según comentó, acaba de iniciar su preparación de cara a la temporada 2014. Impresionante el tentadero, con unas vacas utreras que quitaban el resuello al más espabilado.



 Tras tanta emoción lo mejor y dada la hora lo mejor que se podía hacer  era comer. Nos hicimos las fotografías de rigor y comentamos un poco el tentadero con ganaderos y toreros. 


 Comimos y después, tras los merecidos reconocimientos y discursos, tuvimos la oportunidad de la comprar unas botellas de vino blanco de la bodega de Victorino. De la misma cosecha que la que tuvimos oportunidad de hacer una cata gentileza de la casa.  Una vez más hay que agradecer a la familia Victorino, la oportunidad que nos han dado de poder visitar su ganadería.